30.4.09
15.4.09
8.4.09
4.4.09
El Derby de Kentucky es Decadente y Depravado es considerado el primer artículo propiamente gonzo, además del primero en ser bautizado como tal. En él, Thompson retrata no lo acontecido en la carrera (que era lo que su editor le había pedido que hiciera) sino todo el mundo y comunidad alrededor de éste, describiendo el alcoholismo y la decadencia de la multitud que se formaba entre el público. Thompson (en una práctica que caracterizaría su carrera) estaba atrasado para entregar el reportaje y no había escrito prácticamente nada, por lo que, resignado, envió sus apuntes desordenados y sin revisar al diario, con la convicción de que iba a ser despedido. Poco tiempo después, su editor lo felicitó por el "excelente artículo" que había escrito, y que fue publicado y recibido con gran entusiasmo por el público.
1.4.09
Hace unos años me regalaron un librito viejo, amarillento. Se llama "Inédito. Una batalla contra la dictadura" y el autor es Raúl Ricardo Alfonsín. La dictadura a la que hace mención el título es la de Onganía e "Inédito" era la publicación donde el joven Alfonsín publicaba sus artículos de trinchera que el libro editado por Legasa en 1986 recopila. Por entonces, circa 1969, el joven Alfonsín firmaba con un anagrama de tono orillero: Alfonso Carrido Lura. Un seudónimo perfecto, de otra época. En la página 17 se lee: "Un sector numeroso de nuestro pueblo ha venido fluctuando en su opinión, de acuerdo a las características del gobierno de la Nación. De este modo, cambiaba sus aspiraciones al compás de las decepciones que sufría al observar que autoridades de distinto signo político, no alcanzaban a solucionar todos sus problemas. Así, frente a un gobierno fuerte, tomaban relevancia los valores consustanciados con la libertad y la dignidad humana, y se reclamaba un gobierno respectuoso de los derechos, de la ley y de la Constitución; mientras que ante un gobierno con estas características, variaba la escala de valores, ocupaban los primeros términos los deseos de orden, disciplina y jerarquía y se anhelaba un gobierno fuerte, que "pusiera las cosas en su lugar". Sin perjuicio de reconocer que esta actitud fue inducida por una propaganda bien montada, lo cierto es que así ocurrió."El artículo se llama "Peligros" y ese peligro que Lura teme como consecuencia de ese "juego de esperanzas y decepciones" es el comunismo, la enajenación "no ya simplemente de una forma política, sino un estilo de vida." Es llamativo que Lura feche ese péndulo peligroso a partir de 1928 donde, señala, no ha terminado su mandato ningún presidente civil, dejando de lado a ya sabemos qué presidente no civil que sí terminó su mandato popular -o no, en realidad no, pero no importa: el radicalismo siempre tuvo su filo brilloso en esa idea de lo "cívico" y lo que las instituciones consagran en contraste con los peligros indómitos-. En cualquier caso, y dejando de lado el peligro del comunismo como consecuencia del desorden social, hoy, cuando el autor de esas líneas ha muerto como "el padre de la democracia", bien grabado su nombre en la Historia fláccida de las capas mediáticas de la población como "Raúl Ricardo Alfonsín", termina ese texto sin certezas, sin tener la clave política para frenar ese vaiven destructor del estilo de vida democrático: "Tremenda paradoja para aprendices de brujo", finaliza Lura.
Alfonsin era -era- la bestia blanca de la política. Como le leí y escuché decir varias veces a Martín, Alfonsín era un hombre que decidió encarnar en su persona la democracia. "La democracia soy yo". Entonces todo acto, toda realización, desde las que hoy podemos leer como reivindicativas hasta las ominosas, eran llevadas a cabo por una fuerza propulsora que él siempre, y muy hábilmente, ha sabido caracterizar como "Democracia" pero que nosotros, más jovenes, más respetuosos adversarios del viejo mártir, simplemente llamamos "Política". Todo. No sólo era una forma de preservar la democracia el Pacto de Olivos I, ahí donde se pretendía fortalecer la transición, sino también el Pacto de Olivos II, ahí donde la mesa chica, pero fotografiada a los fines de figurar en la tapa de Clarín, garantizaba el bipartidismo, la ilusión de una democracia balanceada en sus formas, encarnando el deseo de aplacar los peligros. Alfonsín era el perfecto baby sitter del menos malo de los sistemas posibles.Por mi parte, yo también tengo mis pequeñas anécdotas subjetivas del Viejo Blanco. Vengo de una familia que por el motor de las formas y la raza ha abrazado, en su mayoría, el espíritu del radicalismo. Yo era el que con cinco años, en 1986, llevaba una de las sillas del living de la casa de mis abuelos hasta el balconcito de la entrada y de rodillas daba discursos a la calle, jugando insistentemente a hacer el gestito alfonsinista de cruzar las manos y extender los brazos hacia la izquierda ante la risa cómplice los que pasaban. Yo fui el que vi de lejos a Alfonsin en una mesa del Centro Lalín de la calle Moreno, al lado de Jesús Rodriguez y a dos mesas del marido de Catalina Dlugi. Yo fui el que en Lugo, Galicia, vi en una plaza un monumento figurativo que recordaba la independencia de Filipinas donde un pequeño mármol a pocos centímetro de la base de aquella escultura que mostraba a un hombre quebrando las cadenas literales del yugo dedicaba su homenaje al "Dr. Raúl Ricardo Alfonsín, padre de la democracia argentina" o algo así. En cualquier caso, sonaba así, es verosímil.
Ahora me queda esperar el devenir de estas horas. Ya me imagino la cantilena insoportable de estos días, mañana, cuando nos levantemos escuchando a Tenenbaum en Mitre, por ejemplo. De cualquier forma, me queda la ilusión de pensar que su muerte es un hecho democrático en sí, un hecho que muchos no estamos acostumbrados a ver: nunca vimos la muerte de un presidente. Yo, por el momento, veo la muerte de un político, un político mucho menos burdo, mucho más inteligente, mucho más fácil de respetar. Y esperaré que hablen los míos, no Massa.
30.3.09
21.3.09
20.3.09
Su origen de buenas familias, cultura cosmopolita y educación universitaria no es garantía que no se pasen de rosca, como en el 55 o el 76.
Una pregunta para Quintín
Una pregunta para Quintín
17.3.09
14.3.09
13.3.09
"Perfil, date cuenta quién te lee: menemistas y radichetas resentidos. Al principio pensaba que eras un diario liberal, pero la línea editorial que bajan el pseudo letrado de Fontevecchia, Pepito el pirotécnico, y el inútil de Nelson Castro, es un chiste con mala leche. Pero tampoco me sorprende. Prefiero el ¨pasquin oficial¨ que esta bosta, por lo menos hay mejores plumas"Ya no leo notas, leo comentarios.
11.3.09
10.3.09

Cuenta la leyenda que en 1972 John Denver brindó un show en Washington D.C. que contaba con el por entonces presidente Richard Milhouse Nixon y el ex premier chino Zhou Enlai entre el público. Denver no era todavía el Poeta Laureado de Colorado, como se lo conocería algunos años más tarde en parte gracias al éxito de su disco de 1974 "Back home again" y en parte por el suceso de ventas que significaría la versión de su clásico "Leaving, on a jet plane" llevada a cabo por el supergrupo folk Peter, Paul and Mary a fines de los años sesenta. "Back home again" sería un disco notable, uno de esos álbumes que la prensa especializada norteamericana etiquetaría bajo la temática "homecoming": el largo canto de un hombre sencillo que regresa a su hogar, le canta una balada a su mujer y le agradece a Dios por ser un chico country. Puro folk de las entrañas de un hombre de ascendencia holandesa, nacido en New México, que llegaría a transformarse en uno de los artistas más vendidos de los Estados Unidos de la década del setenta y que iniciaría en 1969 un largo y sinuoso camino entre el folk singer de cara lavada al militante demócrata catalogado como "El mejor amigo de la canción". Ese es el artista antes conocido como Henry John Deutschendorf, Jr, un hombre que asienta las bases de su carrera sobre el húmedo derrotero de la cultura de su país. Su debut de 1969 "Rhymes and Reasons" es un disco a destiempo, editado cuando Robert Zimmerman vuelve a Nashville después de un accidente y pretende recluirse en el clasicismo sin notar que ya llevaba casi una década interpretando al psicodélico Bob Dylan mientras, al otro lado de la orilla, los Beatles se van a tocar a una terraza para airear el vaho de resentimiento y ansiedad que los envuelve. 1969 no es un año preparado para recibir a un cantautor de pañoleta y gafas, dispuesto a acribillar al mundo con sus canciones gentiles. "Rhymes and Reasons" es un disco intervenido por su discográfica en un intento por homogeneizarlo con la Época: con sólo cuatro canciones originales de Denver, RCA decide incluir una canción tonta y bioycasariana de los Beatles y el hit "The love of the common people" mientras dos composiciones cortas e irónicas hacen las veces de paréntesis: una canción silenciosa de cinco segundos titulada "The ballad of Richard Nixon" y otra de catorce segundos, escrita por Tom Paxton, bautizada "The ballad of Spiro Agnew", una burla a la fórmula presidencial en plena guerra de Vietnam que dice simplemente: "Te voy a cantar una canción sobre Spiro Agnew, y todas las cosas que él hizo". Punto. Silencio. Y el silencio como ironía. Ahí estaba John Denver esa noche de 1972: atravesado por la cultura, por los intereses de la casa editora, corrido a la izquierda por la época, da un show tan contundente y cerrado que a la salida, el premier chino decide comprar 500 copias en cassette del single "Take me home, country road" para hacerlo sonar a todo lo que da en las efervescentes reuniones del politburó. Richard Nixon, mientras tanto, también estaba ahí, escuchando su balada silenciosa, dos años antes de dejarle el mando a Gerald Ford. Faltaba mucho todavía para que ese ícono WASP de apellido holandés, que terminaría siendo un militante ecologista y brazo cantado de la administración Carter, entre en la Historia como lo hacen los hombres sencillos y mitológicos: desatado por el talento, empujado por la Época.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








