25.9.06
la entrega
22.9.06
pavo frío
La piba estaba ya demasiado caliente, a punto -escribiría Kordon- de reventar; alejada del bulto, en el murallón, apoyada su espalda en cierta columna tajeada, repantigada, contemplativa, leía la Simulación en la lucha por la vida, de José Ingenieros.
(...)
17.9.06
el orden
Pero en Florida, vuelve a consultar la hora. Cinco minutos entre la pantalla digital del subterráneo y el poste de cuarzo encastrado con el logo del Gobierno de la Ciudad. Uno, comparándolo con el del banco Itaú. Son mejores los de cuarzo; si todavía existe la hora oficial, la voz grabada de la mujer en el 113 se repite con los viejos Seiko que aparecen cada veinte cuadras con el cartelito: Felices horas...Buenos Aires... Sabe que pertenecen a la primera ola de turismo económico. Primero, el regreso; siete años después, la democracia...
Ahora, son las nueve menos cuarto.
11.9.06
la brigada rosa

Sara Gallardo y Héctor Murena para no repetir la dupla Bioy-Silvina como regalo de cumpleaños es un esfuerzo de inteligencia bellísimo: no denota sedimentación cultural vía Magnetto ni consulta a vendedor de piso de Librería Santa Fe a quien lo obligan a laburar por encima de los convenios laborales a cambio de un sueldo magrísimo: hace años que se redujo al mínimo exponencial el mito del "librero", sori: sólo nos queda el grupo Yenny y la estela de Flamarique.
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Me llegó una orden para verificar estudios urgentes. Chequeo las determinaciones, el prestador y el paciente: urocultivo para un tal Juan Carlos Martini. Bajo a recepción con la ilusión de una anécdota. Nadie. No sé qué le hubiera dicho si me encontraba sentado al autor de La brigada celeste. Tampoco me queda muy claro si su segundo nombre es Carlos. Creo que sí. Su obra, para el caso, tampoco me queda muy en claro.
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En su momento, MR había tirado una teoría genial: puertas afuera, la mujer está a la izquierda de la pareja; puertas adentro, a la derecha. O sea, es como si casaras a Vilma Ripoll con Antonio Cafiero, ponele. O como si Patricia Bulrrich estelarizara el spot televisivo de H2O. Hay excepciones. Según los cálculos de esta gente (gracias, P) yo soy un conservador, tradicionalista, fanático del orden, un virginiano camisa negra. Por supuesto, yo, feliz de ser tu Santiago De Estrada.
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S me tiró este fin de semana LA frase del mes, extraída de una entrevista al menchevique Bonasso en la última Noticias Urbanas: "No soy un kirchnerista mogólico".
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La frase "te sacaste la lotería" da un poco de cosa. Si recuento, está todo bien pero al final llegan los descuentos por impuestos y te quedás sin nada. En estos casos, habría que hacer como el gran Mercedes Ramón Negrete: cobrar y correr.
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Sino, mejor otra frase: una forma freudiana del romanticismo: "¿querés ser mi ello?"
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8.9.06
7.9.06
rey sol
En todo caso, no sé si se podría plantear una cualquierización del progresismo, pero ya desde la transición del primer gobierno autónomo al gobierno nacional -los cien pasos de Agulla- el diseño ocupó un rol infernal en la imagen de gestión. No es casual, por eso, que en la razzia afrancesada te encuentres con que el naranja y el verde clásico de la Alianza-Frente Porteño pase a ese amarillo patito feo del Pelado o la irrupción de esta campaña, en realidad eje nominal para una serie de demostraciones de fuerza con vistas al 2007: Actitud Buenos Aires.
Como pasa con Sábato, o como ante cualquier visita de Daniel Barenboim -fijate que Cristina hablaba ayer de cómo Rodríguez Zapatero le pregunta siempre por Sábato- o Martha Argerich, por ejemplo, ayer hubo revuelo por la visita de Lalo "One hit wonder" Schifrin. Ahora no la consigo, pero ayer Infobae publicó un fotón del vernissage previo al concierto en el que aparecían Telerman e Ibarra: el primero sonrisa campaña, el segundo rictus superado de la experiencia. Toda la verdad en esa foto de rigor: S me decía ayer: "cada vez lo banco más a éste", mientras presionaba el índice sobre la cara de Aníbal en el monitor de la PC. Pasa que sucede algo que bien podríamos extraer del título de un líbelo reciente de Vicente Massot: la excepcionalidad parece ser la que termina configurando el entramado de una real politik con mayores o menores dosis de urgencia sobre la cual gravitan las decisiones inmediatas y el humor social -o sea: más o menos lo que marca la diacronía entre las rondas de las Madres y Cromañón, si querés.
Digo: Ibarra, en pleno superávit presupuestario, se subió a la montaña rusa del Italpark en el momento equivocado: hoy, si lo comparás con el dedo apuntando al cielo con que la Corriente Porteña levanta a Telerman, el cadáver entiende más y mejor de política que el simpático Jorge. Política, claro, y no gestión y gobierno que es la ilusión monarca tras la composición progresista. Pero claro, hay cadáveres.
Acá entonces iría lo de Marx, eso de tragedia y... Pero en el fondo yo sigo prefiriendo al trosco de Blanqui para estas cositas.
5.9.06
R.A.
En cualquier caso, ver eso, con o sin countdown, también te genera una cierta cosita.
Por edad (parafraseando a Fito: nací en el '81 con Reagan a la cabeza) me quedé afuera de algo que no sé por qué me quedó grabado: la nota socio-emotiva que un diario de la ideología realista como Clarín supo hacerle a los jóvenes nacidos en democracia. Mejor dicho: a los que nacieron en la vuelta de la democracia según los manuales de la corporación española Santillana. Ergo, 1983. Entonces, por un año y pico, quedé en una especie de intermezzo generacional que, a decir verdad, los trabajos ignífugos de diciembre vinieron más o menos a galvanizar.
Para empezar, la clásica foto de Magdalenaruizguiñazú con su entrevistado: Alfonso, así gagá como se ve, con su saquito tejido de abuela gallega, está en mejor forma que su entrevistadora. Lo mismo para el plano no estético: Magdalenaruizguiñazú, como ya es costumbre, se limita a sintetizar al mango el sentido común de su club de fans no objetivo, engrandeciendo al ya enorme Alfonso que hace malabares para elevar el nivel de las respuestas. Ahí también se ve un estadista: la única que se quedó en los años del destape fue la periodista. Algo que no se puede dudar de Raúl Ricardo, más allá de los achaques con que llega a la nota: es un actor vivísimo y protagónico de la historia política macro, aquella que nos desvela para revelarse sólo como un mero tour literario.
Pero lo llamativo es otra cosa: si Alfonsín se sostiene es por una habilidad maravillosa: la casa en orden como una idea abstracta e indeterminada de la democracia: la política alfonsinista oblitera el espacio público por debajo de esa gran Idea: no hablo de lo opuesto a demagogia, porque es claro que el follie a deux que se le ataca al populismo, es el que regula también cualquier gestión, pongámosle un nombre, liberal de derecha. No hay político sin peso público y es algo que ya se defendió acá algunas veces: no hay, como quisiera Carrió, por ejemplo, pueblo adormecido, el gran trauma filosófico del siglo XX: en democracia, poder de la referencia en el contexto, no hay sino dialéctica capitalista.
Ya lo sé: me fui al carajo. Pero me preguntaba, qué pasaría si un putsch económico derribara a K antes de octubre de 2007. ¿Quién seguiría escuchando su remera, veinte años después?
La de Alfonsín, percudida y todo, todavía suena. Será que nací antes.
4.9.06
3.9.06
...con la misma red
O sea: barata mea culpa generacional y regalado inconsciente político.
Porque:
1- Estoy a menos de una semana de cumplir el cuarto de siglo.
2- Las capas medias. Una verdadera pasión socio-cultural: la amo y la odio.
Como artistas del hambre, todos nuestros guiños van dirigidos hacía ahí. Y pataleamos. Porque pendulamos con ella.
El jueves, yo también estuve a punto de ir a La Gran Marcha y, también, en ese mismo estado. ¿Me salva que el camino del argentinazo limpió el blanco de mi zeitgeist cínico o que yo sí sepa que podés comprar ketamina en cualquier veterinaria, cocinarla a baño maría, calentarla a fuego lento en un plato, picarla y snifearla? Sólo pataleos.
O guiños.
Creo que soy yo, ahora, el que está absolutamente entregado a su etapa críptica y es normal. Así que, por un tiempo, me limito a los guiños. Alguien que sabe me lo dijo: el post es puro guiño.
Nadie va a leer tus previous post. Ergo: yo también intento descifrar cuál es mi ideología.
Hoy por teléfono me lo dijeron: instinto.
Iba a aclarar también: que el titulo del post anterior no era por el pobre de Kohan. Pax. Prestame Museo de la Revolución y después seguimos.
Total, yo mientras tanto, guiño.
1.9.06
dos veces...
Después, alguien que rescato siempre: Daniel Melero. Hace unos dos años, por un proyecto de revista que quedó inconcluso luego de diez números pretenciosos, le hice una entrevista en su departamento de Libertador: arrancamos hablando de una película de Meryl Streep que había visto la noche anterior y lo había emocionado y terminamos contando anécdotas de nuestro barrio, Flores: fue tan obvio que le terminé hablando de Aira, él no lo conocía, le conté del relato que escribió sobre Cecil Taylor y su inspiración en Cage: hasta ahí yo había evitado tocar la conparación con Eno pero hablamos bastante sobre Satie. Perdí el miedo: conocer a alguien que habías admirado durante los últimos diez años de tu vida, humanizarlo, resultó mejor de lo que imaginaba. Hoy sigo prefiriendo escuchar Después a leer Las noches de Flores, por ejemplo.
¿Y Luca? Qué problema. En el país sarmientino, lo más argentino viene de afuera. Pensar en De Angelis, pensar en Cooke, pensar en Gombrowicz; no pensar en Isabel, ni en Pérez Esquivel, ni en Saer, ni en la izquierda local y así. Un problema. Pero es sólo una idea...
27.8.06
heráldica del sujeto
Por supuesto que me banco mi arborescencia: soy el mismo caucásico republicano que odio cuando miro el espejo.
O como dice M. Zamora en este texto que no puedo terminar de leer -es domingo: ...tratando el problema de la identidad como un proceso creativo no como producto final.
No sé.
Tengo ahí en la cola de espera mis comentarios reales de infancia: cuando tenía cuatro o cinco años, sacaba una silla del living de la casa de mis abuelos al balcón y me ponía a imitar a Alfonsín. La gente me miraba y se reía. Entendían.
Mientras tanto.
Me pregunto qué entenderán los muchachos de la Fundación Lebensohn por creaciones que remitan a la diversidad cultural. Según Ella, algo así como tribus urbanas. De mi lado, una cosa seguramente más obvia. No sé qué entenderá el jurado, por lo demás. En cualquiera de los casos, pienso: no hay. Como P que pensaba que yo era estudiante de Económicas y entiendo el porqué: la cultura es un filtro para esa diversidad. Soy de la quinta que vio una selección de ministros de hacienda que nunca llegaron a los cuartos de final. Me imagino, entonces, que la respuesta está en el banner que abre el portal: sobre un fondo de flores silvestres saturadas, una frase de Benjamin Franklin: "Jamás hubo una guerra buena... ó una paz mala".
Mientras tanto.
Latoya va por su nueva semana de celo. Maúlla desesperada como un bebé negro de la Colonia Neumann. No tengo tiempo. Pero tengo que llevarla a castrar. No me imagino a mí mismo acariciándome contra una pila de bolsos con ropa para lavar.
Yo, por ejemplo, hoy me levanté con un punto negro menos en la cara y las marcas cuticulares alrededor de otros dos.
No es justo.
24.8.06
crack

La densidad del pretérito en el apellido de mi odontóloga me sedujo desde el primer día. Dra. Besada. Un instinto ciclópeo y una aversión genética al dentista me llevó a este record: llevo más turnos reprogramados que plazos en el vencimiento de la deuda externa. Pienso lo mismo que el otro día: si nuestra relación con la política pasaba por chistes epigonales y asociaciones mediatas, hay cosas que ya quedaron en desuso. Habría que rearmar todo un relato de nuevo. En su momento, me jodía un poco -pero los entendía; ahora ya no- los que, por decirlo de esa manera, se quedaban en casa llorando al son de un cassette grabado con doce versiones distintas de Amanda, mientras en la esquina construían un nuevo shopping center o mall o lo que fuere: hoy, supongo, la sinecdóque sería: colgarse, una y otra vez, viendo CQC. Volvía a las dos y media de la mañana en el cuarto taxi del día el día que la bajada de bandera subió un 9% pensando en la palabra época: no sé qué significa; en mi estado tonto, supongo, me retumba siempre con algún poema de Giannuzzi: siempre eso de levantarse y buscar a tientas una camisa, etcétera, etcétera. En realidad: la necesidad de refugiarse en un poema, rearmar todo un, etcétera, etcétera. Que alguien venga y te diga: Teorema es una metáfora predictiva sobre el SIDA, querer regalar ese libro por una lectura anacrónica, marxista y egocéntrica que nada tiene que ver, ir recopilando datos a la manera del Tata Yofre para poder conocer al otro, querer regalar, que los días se pasen una y otra vez reescribiendo el mismo relato de maneras diferentes hasta que llegue el día, más tranquilo, menos químico, más boludo, mucho mejor...
20.8.06
los guiños
escalera al cielo

–¿Cuál es el defecto capital de nuestros días argentinos?
–Temer a la libertad. Vivimos negándola en los actos, mientras nos llenamos de palabras huecas. No hay que temer a la libertad. Democracia es la traducción práctica, la mejor traducción de la vida en libertad. En la democracia caben las concordancias y los desacuerdos. Democracia es diálogo, es discusión, es diferencias, es coincidencias, es la posibilidad de pensar y de proceder, es emulación. Los totalitarismos emparejan, aplastan, masifican. Estamos demostrando día a día que tememos a la libertad. He ahí la clave de nuestros problemas.
(vía Seba, vía el blog de Felipe)
17.8.06
signo de los tiempos
Como el concilio: uno de los videoclips que se me vienen a la cabeza cuando recuerdo la época de oro del canal Music21 es uno de Prince. Sign 'o' the times. En casa, llegaba el cable y como teníamos un Grundig relativamente viejo -pero 21 pulgadas y a color- no agarrabamos los 65 sino apenas 13: conectaba el cable de audio/video a la VHS y con su memoria de veintipico de señales, enganchábamos una lista preconfigurada de canales. Music21 era uno de ellos. Roxette, Ace of base, Guns 'n' roses y el de Prince que siempre recuerdo: funk reconstituído y un tipo del cual nunca había escuchado mucho, me parecía medio bala y sólo conocía su enorme participación en el soundtrack de la primera de Batman. La mejor.
***
Batman la fui a ver con mi abuelo. El gran personaje de la familia. Character with character. Por él me hice de izquierda y por él aprendí que sólo la derecha acepta la ideología como un inciso más de la cotidianeidad material. Gran enseñanza. La fuimos a ver en Miramar, guetto de judíos, gitanos y bulldogs, según un graffitti oi pintado en la calle 19, a una cuadra del edificio. Pero también de gallegos. El libro que más disfruté ahí fue uno de Copi, creo, o de Tangalanga, no sé. Yo no leía y mi viejo me cagaba a pedos por eso. Varios años después me compré uno de Jorge Abelardo Ramos y mi primero de Flaubert. El que veía todos los días y nunca compré era uno llamado Frivolidad.
***
Les decía el otro día: "todo bien con Abelardo Castillo. Pero para mí es el opus dei. Numerarios que creen que la literatura es un constante cut and paste sobre el molde de El Capote o la discografía completa de Chejov. No entiendo qué clase de tradición es esa."
***
La novela de los noventa pudo haber sido Vivir afuera o El traductor pero probablemente haya sido Punctum. Frivolidad es un buen nombre pero nada más. Hay algo del orden de la política aliancista en reducir una década a una virtud determinada. En el '99 la capa caucásica vota la oficina anticorrupción y tres años después salen a imitar estrategias del Varela Varelita. Ningún concepto extraído de un diccionario y formado en un monólogo de Enrique Pinti puede ser tema de literatura. No, por lo menos, de esa que le jode un poco la cadena sintagmática "El refugio de la cultura", por ejemplo.
***
Recién escucho que alguien dice: "Nunca sobran tres líneas. Acá hacemos más cambios que en Economía". Pensé: "eso es viejo. Ahora había que decir: más cambios que en Desarrollo Social".
(...)
14.8.06
promotor

Son días musicales sin música, sin caja de ritmos o línea de bajos clara, pero no importa. Reconocí el sábado: si tuviese un mínimo de talento musical, mandaría todo a la mierda: la literatura, la política, el trade-off social y el pago de impuestos: me pondría una banda. Hoy, mientras sonaba en la radio What's up, Seba confundió Four non blondes con Boy George (insisto: el clon más perfecto que conozco de José Luis Rodríguez Zapatero). No lo entendí. No tener bien en claro quiénes fueron los cuatro no rubios es haber perdido en el camino un pedazo importante de los noventa. Como los parripollos, el paddle, los templos pentecostales; bah, toda la letra de ese b-side de Babasónicos. Pensé en esto: quizás sea la edad, pero me desentiendo de la gente que, sacando lo micro y macro económico (y es discutible, también) desprecia esa década llamada noventa...
valle de la muerte sesenta y nueve
13.8.06
c.v.
Cuando escuchaba la voz lluviosa en el UHF solicitando un móvil a avenida La Plata y Rivadavia o Charlone y Lacroze, por ejemplo. Decía Charlone: una bilabial atravesaba la frecuencia, imaginaba los labios gruesos, juntos, cerrando una aguda, contra el intercom de la radio. En la GNC donde paraban el resto de los móviles, había averiguado su nombre. Clara. El 737 que alquilaba el taxi y todos los días a las seis de la tarde viajaba a la central a retirar las llaves y los papeles, la conocía. ¿Era fea? Lo habían jodido con el típico chiste de las películas yanquis: las locutoras de las hot line que uno no ve y terminan siendo amas de casa gordas y desaliñadas impostando la voz atemperada de una princesa caucásica del sexo a distancia. No le importaba. ¿Necio? Un porteño standard con un promedio de veinte años arriba de un taxi estaría dispuesto a romperle la cabeza a cualquiera que le diga necio por sólo sentir un hormigueo en la clavícula al escuchar la voz de la recepcionista de un radiotaxi en un mínimo de cincuenta o cien veces por día. Clara. No pensaba en la justicia poética del nombre. Trataba de hacer las rondas por Colegiales, cierta zona de Palermo, algo de Belgrano; ahí la radio enganchaba mejor y se escuchaba más claro. El 304 lo aleccionaba: decía que si recortaba el perímetro sólo para oír la voz de Clara, desperdiciaba el verdadero valor de su voz: un viaje desde Plaza de Mayo a Ezeiza, por ejemplo, pagaba el gas, un café con leche y dejaba unos pesos de vuelto para aceptar otro viaje similar de veinte o treinta mangos y con eso una boleta de luz. Pero prefería su voz a la radio o a una charla anodina. Eso también pagaba. Le hacía chistes: la invitación eterna a un asado era tema constante. La imaginaba flaca, mejor: mucho más joven que él, rolinga, probablemente, afecta a unas cervezas y un porro los sábados o domingos de franco. Circulaba en un radio de diez cuadras a la central pero no se atrevía: la virtud de los dueños de licencias de taxi es que no necesitan fichar, rendir cuentas diarias: el abono de un canon mensual es suficiente. Cada vez que escuchaba su voz, cuando empezaba su turno, llamaba a la central, usaba el canal general y le decía a todos los móviles activos que era la mejor voz, la que mejor modulaba, un encanto, la más expeditiva –decía expeditiva-, un gusto y un lujo trabajar con ella. Algunos se reían. Quizás sea mucho decir, pero alguien lo escuchó y la reacomodaron. Al mes siguiente, dejó la radio y se ocupó de tomar los llamados y cargar los viajes en la interfase. Menos horas, mejor sueldo. El 521 seguía diciendo que era horrible, físicamente horrible; él también la conocía, que se la había cogido, que era frígida; se reía y se hacía el superado. Él no. Necio. Fracasó pero a Clara la ascendieron. Algo había logrado.

